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jueves, 14 de agosto de 2014

Gótas de ámbar




Quiero besar cada gota
de ámbar sobre tu piel
desde la que adorna la nuca
casi adentrándose en el pelo   
 hasta las minúsculas partículas
que engalanan la espalda,
relajar mis labios viajando
cada palmo, buscando cada marca,
deslizándose por tu cuerpo
mordiendo aquí y allá   
donde el deseo les sorprenda.
Quiero llegar hasta cada cicatriz
que perdure en anatomía,
recorrerlas una a una, beso a beso
sintiendo el calor subir por mi piel
inundar mi sexo, tu sexo,
quiero atravesar las capas
que cubren tu corazón
y también besar sus heridas,
descubrir como brotan los sentimientos
anegando los míos en un río de emociones,
quiero fundir cada excitación
de nuestros cuerpos,
de nuestros sentidos,
estar en ti o tu en mi
y volver a las gotas de ámbar
para olvidar las marcas en tu alma.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Infierno y paraiso.



Ignoro si el infierno existe,
me pregunto dónde estoy
cuando cierro los ojos
y siento el calor de unos labios
que humedecen lo míos,
donde mientras  batalla mi órgano sexual
en hechos y palabras
contra el que guardas para mi
escondido detrás de la sonrisa.
Dónde estoy si con tu cabeza entre mis manos
siento que el calor llega a mis pezones
o mi mano me avisa
que entre tus piernas me espera la pasión.
Dónde estoy cuando mis carnes
se deshacen en tus labios.
Seguro que he llegado al paraíso.

martes, 12 de agosto de 2014

Borrasca de amor



Hoy te haría el amor como el mar
en una tarde tempestuosa,
dejando caer sobre tu cuerpo cada ola que nazca
en lo más profundo del deseo
rompiendo con su fuerza en tus formas
llevándose tu esencia en lenta retirada.
Hoy besaría cada trozo de ti,
dejando la humedad de mi torbellino de pasión
sobre cada centímetro de tu belleza.
Hoy te amaría sin tiempo, sin espera,
sin punto de llegada
te haría el amor dejando al fuego de mi alma
llegar al infinito de tus deseos.






lunes, 11 de agosto de 2014

Libre





Nunca sabemos cuál será la última tarde.
el último café, la última atadura,
nunca podemos imaginar ese lazo que se suelta
y deja el cabo colgando hasta la eternidad,
quedando allí olvidado, perdiendo el camino
que le guio tantas veces hasta que la piel se dolía,
no somos capaces de predecir
donde caerá el látigo por última vez
ni cuando los ojos verán el corazón antes que el rostro,
a veces queremos adivinarnos
pero quedamos ciegos ante huellas vitales
que no dejan huellas en la piel
y cambian el sabor del  café
que no llegamos a beber
aún cuando no sabemos que no habrá otros
y un día despertamos a la oscuridad del amanecer
y ayer fue la última tarde
y mañana el primer día sin después
y un cabo anda suelto en el corazón.