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martes, 5 de agosto de 2014

En mis versos


Cuando estás en mis versos
huelen a madreselva
a sexo con lujuria
a una batalla eterna,
cuando estás en mi cama
huele a sueño despierto
al sumo de las flores
al calor del desierto.
cuando duermes conmigo
bebo en ti y me bebes
te rozo con mi aliento
me llenas de placeres
besas cada recuerdo
comes cada deseo
lloras, gritas, si muerdo
siempre que te poseo.
Por eso de mis versos
no dejaré que mueras
márchate de mi vida
donde tú te merezcas
estar de cuerpo entero
pero de alma mi niña,
de alma no te muero
para que seas mi musa
hasta que llegue al cielo.

domingo, 3 de agosto de 2014

Presencia



Te  he visto en la distancia
tras sesenta días de oscuridad
sale el sol en mi calle,
llega hasta mi casa.
Tus ojos se perdían en la nada
en esos poco metros
que algunas noches se deshacen
mientras tus cabellos bañan mi rostro
y tus labios pronuncian mi nombre
tan cerca del oído que un escalofrío me recorre
hasta que te aparto,
hasta que mis manos te guían por mi cuerpo
hasta que llevas tus labios a mis senos
y el calor penetra en mi piel,
ese calor que cala mi sexo
cuando a horcajadas
te posas sobre mis deseos
y mis manos golpean con fuerza
en tus glúteos
o simplemente mientras una cascada
me impide ver la picardía de tus ojos
y un espejo nos devuelve la imagen
que se irá tras nuestros pasos
al día siguiente.
O puede que simplemente
miraras dentro de ti
como yo ahora contemplo tu recuerdo.

Al volver



Te respiro, en ese olor que emanas
el que me dice cuando estás
o cuando llegas.
Te beso, en esos tus labios carnosos
los que me cuentan cuánto me amas
sin reservas.
Te bebo, en esa tu piel
que arde en su entrega y roza mis labios
cuando gozas.
Te tengo, en los latidos de mi sexo
cuando tu lengua lo acaricia
cuando me doy.
Te amo, al respirarte, al beberte,
al tenerte entre mis piernas
al volver de la cima del cielo.

sábado, 2 de agosto de 2014

En la platea





Es para mí como la primavera,
aire fresco
que llega desde quién sabe donde
llenando de brisa la mirada cristalina
embebida en un sueño,
se abre paso sin permiso para entrar,
invade cada trozo del deseo renovado,
del sueño envuelto en aromas de náyades,
en tacto imaginado,
en olor a alcoba destilando sexo,
a labios que se entregan de norte a sur,
a ecuador de pechos ardientes.
Se marcha sin aviso,
nunca avisa,
entonces,  expectante
al momento en que su imagen vuelva a escena,
apago las luces del teatro
hasta que comience la cantata.